Este es un momento crucial para reafirmar el compromiso social del diseño con las necesidades de la comunidad. La manera en que configuramos nuestros espacios puede ayudar a construir un país más justo, donde la dignidad y la equidad sean principios fundamentales en el uso y disfrute del entorno.
El Derecho a la Ciudad y la Exclusión Espacial
En 2018, durante el Foro Mundial Urbano en Kuala Lumpur, las Naciones Unidas reafirmaron el derecho a la ciudad: la posibilidad de vivir dignamente en un entorno que permita el acceso equitativo a recursos esenciales como trabajo, salud, educación y vivienda, así como a recursos simbólicos como la participación y el acceso a la información. Este derecho, formulado en 1968 por Henri Lefebvre como una propuesta política, reivindica la ciudad como un espacio que pertenece a la gente y no solo al capital.
Sin embargo, la realidad que enfrentamos hoy es otra: la economía extractivista—brutalista, como la describe la socióloga Saskia Sassen—saquea los recursos, desertifica nuestras tierras y convierte la especulación inmobiliaria en una herramienta de despojo. En Puerto Rico y en muchas partes del mundo, comunidades enteras son expulsadas para dar paso a desarrollos de lujo que reducen la densidad poblacional y extraen las ganancias fuera del país.
Estoy convencida de que la justicia social necesita una estructura física que respalde los itinerarios de vida de cada persona. No podemos ignorar que la discriminación, el odio y la violencia sistémica e institucional—contra las mujeres, la infancia, la vejez, las personas negras, las personas LGBTQI+ y las personas con diversidad funcional e intelectual—ocurren dentro de espacios diseñados para segregar, restringir y generar miedo.
Es urgente imaginar un nuevo paisaje: uno que fomente la solidaridad, la equidad y la tolerancia. Espacios que visibilicen en lugar de excluir. Diseños que respondan a la crisis, la opresión y la segregación, en vez de reforzarlas.
¿Cómo el Diseño Interior Puede Segregar?
El diseño de los espacios que habitamos no es neutral. Aunque suele pensarse que la distribución de una casa, una oficina o un comercio responde solo a la funcionalidad y la estética, la realidad es que cada decisión de diseño impacta quién puede acceder, cómo se puede mover y qué tan bienvenida se siente una persona en ese entorno.
En muchas ocasiones, el diseño interior se convierte en una herramienta de exclusión. Pensemos en ejemplos cotidianos:
• Oficinas con distribuciones rígidas que priorizan la privacidad de ciertos empleados (gerencia) mientras limitan la movilidad y el acceso a los demás.
• Restaurantes, hoteles o espacios comerciales que utilizan colores, materiales y mobiliario para atraer a ciertos clientes y disuadir a otros (por ejemplo, bancos incómodos en parques o cafés para evitar que las personas sin hogar permanezcan allí).
• Viviendas diseñadas bajo un modelo de familia nuclear tradicional, que no toma en cuenta la diversidad de estructuras familiares contemporáneas ni las necesidades de la población envejeciente, personas con discapacidad o incluso de las mascotas como parte de la familia.
Uno de los ejemplos más evidentes de exclusión en el diseño interior es la falta de accesibilidad para personas con diversidad funcional. Desde la ausencia de rampas y elevadores hasta la colocación de mobiliario en espacios que dificultan el desplazamiento, los errores de diseño no solo complican la vida cotidiana, sino que también envían un mensaje claro: este espacio no fue pensado para ti.
Pero la exclusión no es solo física. También es simbólica. ¿Cómo se perciben los espacios según el género, la edad, la raza o la identidad de quienes los habitan? ¿Qué códigos de diseño refuerzan estructuras de poder y desigualdad?
Los Baños Inclusivos: Más Allá de un Cambio de Letrero
Cuando hablamos de baños inclusivos, es importante entender que no se trata simplemente de cambiar el letrero en la puerta. Un baño verdaderamente inclusivo no es solo un espacio donde “pueden entrar todos”, sino un diseño pensado para garantizar privacidad, accesibilidad y seguridad para quienes más lo necesitan.
Un buen ejemplo de esto son los baños familiares, que permiten la asistencia de cuidadores a personas con discapacidad o envejecientes y facilitan la movilidad de padres que necesitan acompañar a sus hijos pequeños.
El problema con la mayoría de los baños públicos actuales es que fueron diseñados bajo un modelo de segregación de género, sin considerar las necesidades de poblaciones que no encajan en esa división binaria o que requieren asistencia especial. Esto no solo afecta a la comunidad trans, sino también a personas con discapacidad, familias con niños pequeños y cualquier persona que, en algún momento de su vida, necesite apoyo para utilizar un baño público de manera segura y digna.
¿Cómo Podemos Revertir la Exclusión a Través del Diseño?
El diseño inclusivo propone una visión en la que los espacios se conciben desde la diversidad de quienes los usarán. Algunas estrategias clave incluyen:
• Diseñar entornos flexibles y adaptables, en lugar de rígidos y segmentados.
• Garantizar la accesibilidad universal desde la concepción del proyecto, no como un añadido.
• Incluir zonas de uso común y espacios de socialización que fomenten la interacción entre distintos grupos.
• Priorizar el bienestar y la comodidad sobre los intereses comerciales que buscan maximizar el control sobre el usuario.
Si los espacios reflejan las estructuras de poder de una sociedad, entonces repensar el diseño interior es un acto político. Significa preguntarnos: ¿a quién beneficia este espacio? ¿A quién excluye? Y, sobre todo, ¿cómo podemos diseñar entornos que realmente sirvan a todas las personas?
El Futuro del Diseño: Espacios sin Barreras
Resumo mi reflexión en esta cita de la filóloga Irene Pérez Fernández:
“La supresión de barreras espaciales redundaría en una disminución de las barreras sociales entre los individuos.”
Estamos en un momento crítico. Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de recrear nuestra geografía y nuestro paisaje en alianza con todos los movimientos que luchan por devolverle la dignidad a nuestras comunidades. El diseño interior no solo define cómo vivimos, sino también qué tan libremente podemos habitar el mundo.
Referencias
- Lefebvre, H. (1968). El derecho a la ciudad.
- Sassen, S. (2014). Expulsions: Brutality and Complexity in the Global Economy.
- Naciones Unidas (2018). Declaración del Derecho a la Ciudad en el Foro Urbano Mundial, Kuala Lumpur.
- Pérez Fernández, I. (2018). Espacios y barreras sociales en el diseño urbano.
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